Ser dueño de tu tiempo

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tiempoNuestras vidas giran alrededor de un reloj y constantemente nos quejamos de la falta de tiempo; sentimos que las obligaciones nos desbordan y que no llegamos a todo. Se hace necesario, entonces, parar y escucharnos.

Adaptar nuestro ritmo a los ciclos vitales y buscar un espacio para hacer aquello que de verdad anhelamos nos ayudara a olvidarnos de la prisa y a encontrar mayor felicidad. Una historia sufí cuenta que los animales, reunidos en asamblea, se quejaban de que los humanos les arrebataban cosas que les pertenecían. La vaca se lamento de que le quitaban la leche. La gallina, de que le robaban los huevos. “de mi aprovechan la carne para hacer jamón”, dijo el cerdo. “A mi me casan por mi aceite”, dijo la ballena. Pero el caracol sabia que el tenia algo que los humanos deseaban por encima de todo y que se lo sustraerían si pudieran: tiempo.

 

Una de las grandes ironías de nuestros días es que, a pesar de todos los artilugios inventados en el siglo pasado para ahorrar tiempo, nos quejamos hoy mas que nunca de su falta. Esto debería hacernos reflexionar. Una de las razones de esta complicada situaciones nuestro estilo de vida individualista. Cuando la gente vive en comunidades, las tareas se comparten y el tiempo cunde. Cuando una persona no puede hacer sola un trabajo, otra le ayuda. El toma y daca de la vida en comunidad se basa en el principio de que cada persona es parte de un todo y contribuye a ese todo.

VIDAS ACELERADAS
Pero en nuestra sociedad no podemos delegar con facilidad pues funcionamos como islas separadas. El ritmo de vida se ha acelerado; corremos- a veces ni siquiera sabemos porque, y así aumenta la impresión de que nos falta mas tiempo. Vivimos presionados por las nociones de “comenzar”, “hacer”, “terminar”…Y cuando mas tiempo conseguimos liberar de las tareas rutinarias, mas nos atiborramos de actividades, hasta el punto de volver a necesitar mas tiempo. En este caso, la solución lógica es establecer prioridades.

No vamos a resumir aquí las técnicas para gestionar nuestros días. Hay muchos libros que hablan de ellas. Lo que sugerimos son maneras de amigarse con el tiempo, actitudes que nos permitan utilizarlo bien y nos eviten la desagradable sensación de irse siempre faltos de tiempo, de no tener suficiente. Todos sabemos que nuestro sentido del tiempo cambia con la edad. Los niños viven en un presente sin fin. A medida que crecemos, aprendemos lo que significa “hoy”, “mañana”, ”ayer”, “esta mañana”, “esta tarde”.

Diferencias en la personalidad, la educación y la clase social- incluso en la temperatura corporal y la iluminación de nuestro entorno- afectan nuestro sentido del tiempo. Albert Einstein, por ejemplo, estaba convencido de que todo el conocimiento de la realidad comienza y concluye con la experiencia. Todos hemos experimentado lo que significa la subjetividad del tiempo: estamos en una reunión que parece llevar dos horas y, cuando miramos el reloj, solo han transcurrido 20 minutos. Estamos de vacaciones y los días parecen pasar en un suspiro.

Si nuestra experiencia del tiempo es una impresión inducida por los sentidos, quizá deberíamos cuestionarnos seriamente que significa esa sensación de que nos faltan horas. ¿No estaremos equivocados?